A las diez y cuarto de la mañana del 14 de junio de 1936, un coloso de las letras partía y se despedía de su mujer con un “Hola, cariño” y de su hija adoptiva con un “Hola, querida”. Sólo el rey de las paradojas podía dedicar un saludo a sus seres queridos para despedirse de ellos antes de morir. Hace hoy setenta y cinco años moría G. K. Chesterton.

Resumir sus 62 años de vida es una tarea titánica, no en vano, todos los años aparece una nueva biografía de este genio, una colección de artículos, una reedición de alguna de sus casi cien obras o un nuevo estudio sobre su obra y pensamiento. Decir que fue literato, periodista, ensayista, historiador, polemista y apologeta sería quedarse corto. Recordarle por su humor, su sentido común, su jovialidad, su amor a la Verdad, su honestidad y su lucha por la justicia no es suficiente.

Su figura fue tan grande (física e intelectualmente) que es imposible abarcarla en un artículo o, incluso, en toda una vida de estudio. Nació en Londres en 1874, en el seno de una familia de clase media cuyo superficial apego al unitarismo no hacía presagiar que Cheserton acabaría convertid en un campeón de la ortodoxia católica. De hecho, durante parte de su juventud navegó entre el agnosticismo y las modas esotéricas que impregnaban la muy racionalista Inglaterra de principios de siglo XX.

Su preocupación por la situación de los obreros le acercó a la Sociedad Fabiana, de ideología socialista, pero no se dejó seducir por esta tendencia que, inevitablemente, llevaba al Estado Servil. En 1901 se casaría con Frances Blogg quien, con su fe anglicana, conseguiría que Chesterton, poco a poco, se acercara al cristianismo. Sin duda, su búsqueda de Dios, consecuencia de su búsqueda de la Verdad, articulará toda su vida. Su búsqueda acabaría en 1922, año en que se convirtió al catolicismo. Para dar este paso contaría con el apoyo del Padre John O´Connor y con el de otros dos conversos: Maurice Baring y Monseñor Ronald Knox. Chesterton dilató esta decisión hasta que su mujer estuvo preparada para seguirle. La noticia de su conversión causó un gran revuelo en Inglaterra, especialmente, entre los intelectuales. El dramaturgo irlandés Bernard Shaw, que siempre fue un adversario intelectual pero nunca un enemigo, escribió a Chesterton al enterarse de su conversión y le dijo: “esto ha ido demasiado lejos”.

Junto a Hilaire Belloc, formó el ariete que atacó al capitalismo y al socialismo por ser las dos caras de una misma moneda. Para el Chesterbelloc -nombre con el que Shaw se refería a este tándem-, estas dos ideologías acababan con la propiedad privada. Frente a la imposición del Estado Servil a que llevaban estas propuestas, Belloc y Chesterton proponían un Estado Distributivo, cuya base sería la propiedad privada.

Como apologeta de la Iglesia Católica fue una de las figuras más destacadas de su época. Su erudición, genio e intuición le hacían capaz de expresar de manera sencilla, casi cómica, las verdades y dogmas más oscuros de la doctrina católica. Un ejemplo paradigmático de esta capacidad de Chesterton para hacer intligible lo que a muchos maestros les resultaba arduo entender lo encontramos en su biografía de Santo Tomás de Aquino. Publicada en 1933, de ella dijo el tomista Etiénne Gilson:

“Creo que es el mejor libro que se ha escrito jamás sobre Santo Tomás, sin comparación posible. (…) Sin duda alguna todo el mundo admite que se trata de un libro “inteligente”, pero los pocos lectores que hayan pasado veinte o treinta años estudiando a santo Tomás, y que acaso hayan publicado dos o tres libros sobre el tema, no podrán dejar de percibir que el denominado “ingenio” de Chesterton ha puesto en evidencia su erudición. Él acertó con todo lo que habían estado intentando expresar ellos, con más o menos torpeza, mediante fórmulas académicas.”1

Podrían llenarse cientos de páginas con su legado intelectual y espiritual. Son legión los que se han encontrado con Aquél que es Razón y Verdad gracias a la obra de Chesterton. C.S. Lewis le debe mucho de su conversión, al igual que su actual biógrafo Joseph Pearce, así como el escritor español Juan Manuel de Prada.

Probablemente, este escritor no será homenajeado oficialmente y este aniversario no ocupará los medios de comunicación convencionales, pero la legión de seguidores de este gigante literario le dará el homenaje que él habría preferido: el de la gente común.



1. Pearce, Joseph: G. K. Chesterton. Sabiduría e inocencia. Ed. Encuentro, 2009. Págs. 533-534.

 

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